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Entrevista exclusiva al Doctor Z

diciembre 25, 2008

Cada semana este jedi del amor resuelve las dudas existenciales y sexuales de los lectores de la revista Ctrl+Z. Dicen que es un experto sexólogo que ha experimentado con todo tipo de seres vivientes y otros no tan vivientes. Luego de algunas piscolas logré sacarle algunas palabras. Esto resultó. 

Encontrar al Doctor Z no fue fácil. Sin un nombre ni un rostro con qué identificarlo, me sumergí en los antros más turbios de Santiago, donde decían los más optimistas que podía estar.

Luego de gastar varias lucas en copetes, para que las mujeres que frecuentan estos locales me hablaran, logré dar con el misterioso Emperador del Amor que cada semana nos guía con sus sabios consejos.

Recuerdo haberle visto la cara, pero los efectos del alcohol borraron toda imagen. Sólo quedó la grabación, o más bien lo que pude rescatar de ella, tras recuperar la cinta desde el mismísimo fondillo de una bataclana. En fin, esto fue lo que me dijo.

-¿Por qué le dicen doctor Zeta?
-Nadie me dice así. O al menos nadie me decía. Lo que pasa es que al pelotudo que edita este pasquín se le ocurrió ese nombre, a partir del nombre del pasquín mismo. Y la verdad es que con el tiempo le he empezado a tomar cariño al seudónimo.

-Existe el mito de que usted es un anciano con gran potencial sexual. ¿Es cierto?
-Lamento tener que destruir el mito: no soy un anciano.

-¿Pero qué edad tiene?
-La justa: tan lejos de las torpes ansiedades adolescentes como de los estragos que causa la vejez.

-¿Qué lo mantiene tan activo en la cama?
-¿De dónde sacó eso? La gente va a pensar que usted y yo tenemos algo. Le sugiero que no pregunte huevás. ¿Acaso nunca ha oído eso de que el caballero no tiene memoria?

-¿Cuándo se descartuchó?

-Fui un adolescente de maduración tardía. De hecho, en mi familia estaban un poco preocupados por el tema. Pero un día mi padrino que vivía en Talca me llevó hasta una casa donde todo el mundo parecía muy feliz. Y una señora igual a Elizabeth Taylor me tomó de la mano, me condujo por la escalera hasta su cuarto y se encargó de todo. Ahora que lo pienso, yo creo que el Doctor Zeta nació justo en ese momento.

-¿Cómo fue?
-No lo sé, pero la señora Taylor no me cobró.

-¿Cree en dios?
Claro que sí. A partir de ese mismo día me convertí en creyente.

-¿Qué opina de las relaciones antes del matrimonio?
-Opino que hay que creer en dios.

-¿Qué le parece la política actual?
-Que falta gente como esa niña de Providencia que lanzó su campaña en babydoll. Claro que hay varias a las que no me gustaría ver en cueros. Mejor ni pensar en eso. Siguiente pregunta.

-Se comenta que usted tiene el atributo especial de los negros. ¿Qué opina de Obama?
-Yo no tengo ese atributo del que usted habla. Obama es seco pa los discursos, yo no. Obama juntó mucha plata por internet, yo apenas tengo 80 amigos en Facebook. Obama es bueno pal basquetbol y yo con suerte juego al emboque. Así que no veo por dónde venga ese rumor. Harto chanta usted como periodista, ¿eh?

-¿Es verdad que los guionistas de American Pie se basaron en sus experiencias personales al mostrar al protagonista haciéndolo con un kuchen y la chica que usaba una flauta traversa para quitarse las ganas?
-Ni idea. Desde el Ciudadano Kane que no voy al cine.

-¿Ha jugado para el otro equipo?
-Lo justo para saber que no es lo mío.

-¿Qué lo llevó a eso?
-Unos copetes demás y una depre, como a Bonvallet.

-¿Por qué volvió a las mujeres?
-Aunque huevean más, son harto más ricas, ¿no cree?

-¿Qué opina de la poligamia?
-Que es agotadora y está sobrevalorada. ¿Por qué cree que arranqué de Camboya? Mi harem de 250 mujeres me tenía mal. Había perdido la alegría de vivir. Usted no sabe lo que es tirar por obligación. Ahora, si quiere ser polígamo y le aguantan, allá usted. Claro que tendría que ser para los dos lados. Que las mujeres también puedan tener a varios si es lo que quieren.

-¿Ha sido infiel?
-¿A quién?

-¿Con cuántas mujeres ha estado?
-¿En la vida? ¿En una misma noche? Usted pregunta las mismas hueás que una mina que pensaba que yo era un buen partido.

-¿Con condón o sin condón?
-Con condón, pues. Soldado que se plastifica sirve para otra guerra. Después, con los papeles en la mano y cuando hay confianza, te puedes tirar a la piscina sin trajebaño.

-¿Conoce al Dr. Cariño?
-Sólo de oídas. Y de leídas, claro. De algún modo, ha sido el mentor del Doc Zeta.

-¿Qué opina de él?
-Que es un pozo de sabiduría.

Envía tus consultas, dudas, temores e historias al Doctor Z al mail doctorzeta@ctrlz.cl

Les dejo una carta respondida por el Doc a una inocente alma perdida…

Doc:

Hace más de cuatro años que estoy pololeando, y la verdad es que estoy terriblemente enamorada. Con mi pololo nos juramos amor eterno y toda la cebolla que te puedas imaginar. Sin embargo, me está gustando mucho otro tipo. Lo conozco hace bastante tiempo, y ahora como que volvió a mi vida. Él me tira palo tras palo, pero aún no pasa nada. El problema es que me gusta ene, no ha sido fácil aguantarse. Pero al mismo tiempo, siento que estoy enamorada igual de mi pololo. Es raro, ¿no?

La cosa es que le escribo porque no sé qué hacer. ¿Me arriesgo con el nuevo? ¿Espero a que se me pase la calentura? Ayúdeme, doc. 

La Confundida

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Señorita:

Oh, la novedad. Oh, la aventura. Oh, la dulce tentación de lo prohibido. Poderosos enemigos son, diría el maestro Yoda. Y usted se encuentra al borde del abismo, a punto de caer, precisamente porque esos demonios la están seduciendo. No podría culparla. Cuántas veces el DocZ ha escuchado el canto de esas sirenas. Más de las que él quisiera recordar. Eso sí, el Doc jamás ha andado vendiendo la pescá de que está confundido, de que tiene una relación espectacular con Miss A, pero que Miss B le está tirando palos. Eso es como un saludo a la bandera de las buenas intenciones. O más bien, un muy chanta lavado de conciencia.

Digo esto porque es obvio que usted quiere puro pecar. Y piensa que acá le vamos a dar el vamos. Pero no. Lo único que podemos decirle es que allá usted. Haga lo que le parezca.

Pero (siempre hay un pero), sepa que después vendrá el arrepentimiento. No es que se vaya a ir al infierno, como dicen en algunos colegios (y también en algunas universidades, nos hemos enterado). Pero la culpa existe, sobre todo cuando uno tiene el corazón bien puesto, que supongo es su caso. En el fondo, medite. ¿Vale la pena meterse con el míster B? ¿Tendrá sentido echar por la borda su excelente relación con míster A? Acá en Ctrl+Z son tan rascas que no hay una bola de cristal para contestarle esas preguntas. Tendrá que arreglárselas sola.

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