Cuando la prohibición deja de ser solución

La semana pasada ocurrieron algunos hechos que me llamaron la atención -quizás para varios no son importantes, pero la atencionalidad de las cosas es subjetiva ¿no?- y me mantuvieron pensando -sí, a ratos lo hago- durante algunos días.

¿Cuales son los hechos? Las protestas de los grupos a favor y en contra de la ya famosilla “píldora del día después”, que culminó con la explosión de una bomba de ruido en un baño de la Universidad de los andes -la que tiene una postura en contra de la píldora- adjudicada a un grupo pro píldora.

Tanto pensar me llevó a la idea de terminar con las prohibiciones, pero regularlas. Me explico: creo que deberían permitirse ciertas cosas que son ilegales -como la marihuana o la misma pildorita-, dejando al libre albedrio de las personas el querer adquirirlas o no, así se lograría un mejor control sobre las cosas evitando el mercado negro y por otra parte puede ocurrir la disminución de los consumos producto de lo poco atractivo que resulta la no prohibición.

Para explicar mejor mi idea, voy a usar una analogía -siguiendo el consejo que saqué de un librito de Kastika-: Si a un niño se le repite constantemente que no haga algo, lo va a terminar haciendo, ya que el hecho de que sea prohibido provoca cierta curiosidad, haciendo más atractivo todo. Bueno, según mi idea, si se deja de prohibir algo pierde un grado de atracción, disminuyendo las posibilidades de hacerlo o usarlo.

Además, con esto se mantendría un cierto de control sobre las cosas, lo que es más difícil que ocurra cuando están prohibidas, ya que no existe un catastro de cuanta droga, por ejemplo, anda circulando.

Para lograr todo esto debemos dar un paso fundamental como sociedad, que es el aprender a vivir respetando las distintas creencias y la variedad de moralidades existentes, ya que hay que ser tolerante con el que piensa distinto, sin tratar de imponer la creencia propia -palo para los católicos más recalcitrantes-.

Al final la cosa es simple, si alguien quiere hacer algo está en todo su derecho de hacerlo, siempre y cuando no afecte a los demás, por ejemplo, en el caso de la píldora, no soy partidario de su uso, pero no tengo el derecho de prohibírsela a alguien que no cree que es abortiva. Ojalá se entienda lo que quiero decir.

En fin, ya sabe, no obligue a los demás a hacer cosas que usted cree que están bien, pero el otro no. Todas las posturas son válidas y no tenemos el derecho de avasallarlas -lo que no quita que se pueda debatir, obviamente-.

Solo con el objeto de tener una idea de sus opiniones dejo una encuesta para que me digan si están a favor de la pildorita esa o no, la que podrán encontrar en la barra lateral.

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