Archive for 27 abril 2008

Una historia de Clotario

abril 27, 2008

Leyendo un artículo escrito por el Dr. Víctor Farías sobre algunas cosas que le contó alguna ves Clotario Blest, encontré una anécdota interesante, por lo que me tomo la libertad de extraerla y ponerla para ustedes. Disfrútenla.

Discutiendo con Allende

Un día, don Clotario llegó con una sorpresa: “Vengo de La Moneda. Hace un mes caminaba por Morandé cuando un torbellino de autos apareció y se bajó Allende. Me vio al otro lado de la calle y me dijo: ‘Don Clotario, ¡venga! Tengo que hablar con usted. Es urgente’. Yo le dije: ‘Salvador, usted debe estar preparando su viaje a las Naciones Unidas y tendrá mucho trabajo. En cuanto vuelva vendré’. Hoy en la mañana fui. Salió a recibirme muy atento y me dijo: ‘Don Clotario, estoy muy preocupado, y no sé lo que va a ocurrir. ¿Cómo cree usted que están las cosas?’. ‘Mal, Salvador, muy mal’, le dije. Para comprar un pollo, la señora Julia, que me cuida por años, debe estar parada en una cola hasta cuatro horas, y un pueblo que hace eso no tiene tiempo para hacer una revolución”.

” ‘¿Por qué no me lo hizo saber para hacerle llegar algo?’, me dijo. Yo le respondí: ‘Entonces es mentira lo que dicen los momios, que no hay nada de nada, y ahora usted me dice que hay, pero para ustedes. Usted me conoce y sabe que cuando el pueblo de Clotario Blest no come, él tampoco come. Y ése es, Salvador, el verdadero problema. Yo a usted nunca le he dicho ‘el Chicho’, sino ‘el pije’, porque todavía me recuerdo las veces en que en las calles los pacos gritaban: ‘¡Al de cabeza blanca, al de cabeza blanca!’, y yo le veía a usted sus pies, arrancando lejos y muy ligero. Salvador, usted no es para esto. Decídase: haga un par de puentes, calles, escuelas y hospitales. Nada más. Así lo van a elegir de nuevo en un par de años. Una revolución es otra cosa. Aquí las he visto de todas: la del pan, techo y abrigo, la de la escoba, en libertad, y ahora ésta, la de ustedes. ¡No! ¡Decídase!”.

“Allende me dijo entonces: ‘¿Y qué quiere que haga, don Clotario? Nadie me hace caso. ¿Cuál es su consejo?’. ‘Usted conoce mi vida, Salvador, pero hoy sólo le puedo decir que llame a Agustín Edwards, a Yarur, a los del Banco de Chile y la Sociedad Nacional de Agricultura, y póngase de acuerdo con ellos para salvar la democracia. Devuelva algunos fundos, bancos y empresas, porque ésa es la gente que ha construido este país y sabe manejarlo. Y si Nixon se niega a respetar a Chile, ¡vuele con ellos a la ONU y denuncie que el país está en peligro! Pero decídase y diga a los trabajadores qué quiere, porque ellos todavía creen en usted”.

“Me miró enojado y me dijo en tono de reproche: ‘Mire, don Clotario, ¡yo soy un hombre de 30 años de experiencia y sé hacer las cosas!’. Entonces me atreví a decirle: ‘Yo, en cambio, Salvador, tengo 50 años de lucha, y si usted no se decide se lo advierto: usted no es Balmaceda, y por eso va a morir solo en esta misma sala y con las llamas hasta el techo. Los Corvalanes, los Altamiranos y todos los otros van a esconderse en las embajadas, y me extraña mucho que un católico viejo esté dándole lecciones de política a un marxista leninista. Ya me voy, pero recuerde mis palabras. Yo no quise venir. Fue usted quien me invitó'”.

Cuando la prohibición deja de ser solución

abril 26, 2008

La semana pasada ocurrieron algunos hechos que me llamaron la atención -quizás para varios no son importantes, pero la atencionalidad de las cosas es subjetiva ¿no?- y me mantuvieron pensando -sí, a ratos lo hago- durante algunos días.

¿Cuales son los hechos? Las protestas de los grupos a favor y en contra de la ya famosilla “píldora del día después”, que culminó con la explosión de una bomba de ruido en un baño de la Universidad de los andes -la que tiene una postura en contra de la píldora- adjudicada a un grupo pro píldora.

Tanto pensar me llevó a la idea de terminar con las prohibiciones, pero regularlas. Me explico: creo que deberían permitirse ciertas cosas que son ilegales -como la marihuana o la misma pildorita-, dejando al libre albedrio de las personas el querer adquirirlas o no, así se lograría un mejor control sobre las cosas evitando el mercado negro y por otra parte puede ocurrir la disminución de los consumos producto de lo poco atractivo que resulta la no prohibición.

Para explicar mejor mi idea, voy a usar una analogía -siguiendo el consejo que saqué de un librito de Kastika-: Si a un niño se le repite constantemente que no haga algo, lo va a terminar haciendo, ya que el hecho de que sea prohibido provoca cierta curiosidad, haciendo más atractivo todo. Bueno, según mi idea, si se deja de prohibir algo pierde un grado de atracción, disminuyendo las posibilidades de hacerlo o usarlo.

Además, con esto se mantendría un cierto de control sobre las cosas, lo que es más difícil que ocurra cuando están prohibidas, ya que no existe un catastro de cuanta droga, por ejemplo, anda circulando.

Para lograr todo esto debemos dar un paso fundamental como sociedad, que es el aprender a vivir respetando las distintas creencias y la variedad de moralidades existentes, ya que hay que ser tolerante con el que piensa distinto, sin tratar de imponer la creencia propia -palo para los católicos más recalcitrantes-.

Al final la cosa es simple, si alguien quiere hacer algo está en todo su derecho de hacerlo, siempre y cuando no afecte a los demás, por ejemplo, en el caso de la píldora, no soy partidario de su uso, pero no tengo el derecho de prohibírsela a alguien que no cree que es abortiva. Ojalá se entienda lo que quiero decir.

En fin, ya sabe, no obligue a los demás a hacer cosas que usted cree que están bien, pero el otro no. Todas las posturas son válidas y no tenemos el derecho de avasallarlas -lo que no quita que se pueda debatir, obviamente-.

Solo con el objeto de tener una idea de sus opiniones dejo una encuesta para que me digan si están a favor de la pildorita esa o no, la que podrán encontrar en la barra lateral.

El último Vals

abril 24, 2008

No es fácil conversar con los rockeros, ya que pierden rápidamente el hilo de la conversación por diversos motivos que no valen la pena analizar acá. Es cosa de ver Live at Pompeii de Pink Floyd para darse cuenta todo lo que sufrió el director, Adrian Maben, para sacar unas pocas frases a los integrantes de la banda inglesa mientras grababan el Dark Side of the Moon en el mítico estudio de Abbey Road.

Lo que está claro es que los grandes músicos están hechos para hablar en el escenario, junto a sus instrumentos y sus letras, ahí es donde realmente expresan y eso lo tuvo muy claro Martin Scorsese al momento de grabar The Last Waltz, el concierto de despedida de The Band.

Este grupo canadiense nunca brilló con luces propias, de hecho siempre fue un grupo comparsa de alguien, como ocurría cuando se llamaban The Hawk y hacían de banda de apoyo de Ronnie Hawkins o cuando acompañaron a Bob Dylan en una gira a mediados de los sesenta y en la grabación del disco Planet Waves, del mismo Dylan en 1974 y en otra gira ese mismo año, a pesar de eso, lograron ganarse el respeto de sus colegas, los cuales la mayoría reconoció sentirse influenciados por su música. En 1976 decidieron separarse y dar un último recital como The Band, donde fueron acompañados por músicos como Van Morrison, Neil Young, Eric Clapton y el mismo Bob Dylan.

Como dije anteriormente, ese recital fue grabado por Scorsese y en ese registro, el director estadounidense tuvo claro que lo importante de The Band no era lo que dijeran en cámara, si no lo que expresaran en el escenario y es así como logra captar varios detalles de ese mítico recital, detalles que hacen dar cuenta al espectador que en todo recital hay una comunicación interna entre los músicos que difícilmente son captadas por el público.

Además, Scorsese va intercalando entre cada canción escenas de entrevistas realizadas a los integrantes de The Band, quienes van relatando los primeros años del grupo y lo difícil que fue para ellos hacerse conocidos entre el público común y corriente.

The Last Waltz, además de mostrar los 16 años de trayectoria de The Band, muestra en acción a un grupo que hizo su carrera sobre los escenarios, lo que se demuestra con los dos discos que sacaron en toda su existencia, ya que para ellos era más importante la sensación de estar en vivo, como dice el guitarrista y fundador, Robbie Robertson, para ellos el tocar en vivo era como un baile y este fue su último baile.