El día en que Raúl recibió las migajas del pastel

Muchos se preguntarán quién es Raúl. Otros se preguntarán qué pastel. Quizás después de leer esta historia les quede más claro.

Era un día domingo cualquiera, 23.48 hrs. Mientras chateaba con Raúl y discutíamos sobre la próxima venida de Ennio Morricone a Chile, hacía constantes actualizaciones de página en el sitio de Celfin -corredora de bolsa que gestionó la venida del autor del soundtrack de varios spaghetti westerns-.

Al otro lado del computador, Raúl hacía lo mismo. Y en miles de hogares más otras personas repetían el acto. ¿La razón? Simple. Celfin prometió regalar cinco mil entradas para ver a Morricone a quienes se inscribieran en su sitio web a partir de las 00.00 hrs del lunes.

Cuando solo faltaba un minuto para que se cumpliera la hora señalada, mi ansiedad aumentaba -y supongo que la de todos los fanáticos también-, haciendo que ese fuera uno de los minutos más largos de mi vida -obviamente es una exageración, han habido minutos peores-.

Debo admitir que siempre pensé tener una ventaja sobre Raúl, gracias a mi conección banda ancha súper cachilupi, varias veces superior a la de el. Pero tremenda fue mi sorpresa cuando me dijo, a eso de las 00.07 hrs. que había logrado inscribirse y, por ende, tenía entradas para ver al compositor italiano. Por otra parte, yo seguía tratando de conectarme a la página de Celfin que estaba colapsada.

Para no hacer tan largo esto, nunca conseguí las codiciadas entradas. Lo mismo ocurrió con miles de personas, lo que pude constatar en un foro, donde los reclamos de mucha gente se hacían sentir, ya que se sentían estafados por Celfin –pinche acá si quiere ver el foro y acá si quieren ver la mentira con la que justificaron en los medios-.

Lo que concluimos la gran mayoría en el foro es que Celfin nunca tuvo la intensión de dar todas las entradas, ya que estas fueron repartidas a sus clientes -lo que es válido-, pero en desmedro del resto de las personas que buscaron su entrada por el conducto regular que ellos mismos impusieron. ¿Es válido que una empresa haga publicidad engañosa? Me pregunto.

Creo que lo mejor que podría haber hecho Celfin era poner entradas a la venta. Así se evitaba el malestar de tantas personas y se aseguraba de que fueran verdaderos fanáticos al concierto y no un grupo grande de invitados que con suerte han visto una película, de las más de 50, musicalizada por el.

En fin, el pastel, como siempre, se dividió entre pocos -los mismos de siempre dirán algunos- pero por fortuna está Raúl, quien recibió las migajas y disfrutará de Ennio. Represéntanos bien amigo.

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